El 12 de junio de 1990, a las 07:12, el Sol acababa de despegarse del horizonte de Sevilla. Estaba a un grado de altura, en Géminis 21°00′, casi pegado al Ascendente, el punto del zodíaco que asomaba por el este en ese instante, situado en Géminis 22°07′. La luz ya llegaba a las calles, pero el Sol seguía dentro de la casa 12, el sector del cielo que la tradición asocia con lo que se prepara lejos de la vista. Al otro lado, una Luna gibosa menguante en Acuario conservaba todavía casi toda su luz.
Esa imagen resume bastante de ti, Lucía. Lo primero que la gente percibe es una presencia despierta, rápida, dispuesta a conversar. Lo que no ve tan pronto es que gran parte de tu vida, lo que piensas, lo que amas y a quién eres leal, se elabora antes en silencio, en una habitación interior a la que invitas a pocas personas. Sol, Mercurio y Venus comparten esa casa 12. Luna, Saturno y Neptuno ocupan la casa 8, la de la intimidad y la confianza profunda.